En episodios anteriores...había dejado mi historia justo en el momento en que era rescatado de las garras de un grupo de teleoperadores zombis por una mujer vestida de motera que se convirtió en mi nueva compañera de viaje.
La Monja Motera, como la llamaré a partir de ahora, me contó que antes de la llegada de los zombis había estado recluida en un convento de clausura. Cuando tuvo que matar con sus propias manos al resto de los miembros de su congregación decidió que era hora de dejar su voto de silencio a un lado y gritar durante una noche seguida.
Según me contó ,caminó durante días por la carretera armada con un cuchillo de cocina hasta que la recogió una furgoneta donde viajaban los miembros de un grupo de música que ella no conocía pero que yo reconocí como los Pereza. Por el aspecto que tenían, y su discurso inconexo la Monja Motera decidió que debían haberse convertido en zombis o estar en periodo de transformación por lo que los mató con el cuchillo de las tartas y dejó sus cadaveres tirados en la carretera. Yo le expliqué que no es que fueran zombis, que ya de humanos tenían ese aspecto a lo que la monja motera respondió con su habitual risa de loca.
Después de eso la monja había encontrado un bar de moteros abandonado donde había robado un mono de cuero, una katana y la Harley Davidson con la que viajó durante semanas buscando humanos vivos.
Y así fué como me encontró a mi, y así fué como una mañana llegamos a Madrid a bordo de su moto con una escopeta de cañones recortados en una mano y la cámara de fotos en la otra.
-Donde te apetece ir primero?-me dijo.
-Que tal al museo del prado?, siempre he querido cargarme un cuadro famoso-dije yo.

3 comentarios:
Bueno, esto cada día está mejor. Espero que tengas cuerda para rato aunque empiezo a temer por tu salud. Saludos
No te preocupes, es asi, no esta loco.
Menos mal Olga. Me quitas un peso de encima.
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